sábado, 11 de agosto de 2012

SALIDA DE ALTA MONTAÑA CERRO SAN JOSECITO EL 11 y 12 DE AGOSTO



A las 8 de la mañana de día sábado 11 de agosto, los socios Ramiro Muñoz, Felipe Faesch, Eugenio Rivera, Sergio Rodríguez, Sebastian Reyes, Enzo Muñoz, Daniel González, Marcelo Quilodrán (guía jefe) y Juan Pablo Barahona, nos reunimos enla Plazade San José de Maipo. Después de un energizante desayuno, nos dispusimos a retomar camino hacia el Cabrerío, punto de partida de nuestra travesía. Allí dejamos lo autos y nos alistamos con nuestro equipo para comenzar la caminata.
El día estaba frío y nublado, pero esto no empaño nuestros ánimos. Nieve desde los primeros pasos y en la medida que avanzábamos, la vista nos dejaba sorprendidos. El hermoso valle de la engorda, cubierto de blanco, nos recibía con su inmensidad. Cruzamos sus riachuelos hasta llegar a los pies de una empinada ladera, ahí repusimos fuerzas y energías.
Próximos a comenzar, algunos dijeron... “ahora viene lo bueno”…refiriéndose a lo que fue una subida interminable y agotadora que puso a prueba nuestras habilidades y trabajo en equipo. Al poco andar, le encontrábamos razón a aquellas palabras.
El gélido viento blanco, a ratos, golpeaba nuestros rostros, la nieve que levantaba, se sentía áspera en nuestras mejillas. Esto tampoco nos intimidó. Cuando esto cesó, nos sentimos mas tranquilos para continuar nuestros pasos, solo recibíamos el recordatorio de que la montaña es quien manda allí.
 
Después de largas horas de caminatas en gradiente y pendiente, nuestro cansancio empezó a aflorar. Sergio fue invadido por un fuerte calambre en la pierna que lo mantuvo algún minuto inmóvil, Queno, también extenuado, tuvo que comer chocolate para dar ánimo y energía a lo que quedaba.
Ya todos bien, continuamos la subida, que a esas alturas nos invitaba a observar un precioso atardecer de nubes anaranjadas y rojizas, que sin duda, fue el mejor regalo que  brindaba la naturaleza a los 9 guerreros que seguíamos sin decaer hacia nuestro destino, el Refugio Plantat.
Cuando pensábamos estar cerca del albergue, mirábamos a nuestro alrededor y solo divisábamos nieve, la escarbamos pensando que el refugio estaba bajo ella, pero nada, ya nos hacíamos a la idea de armar campamento con las carpas. 
Ya de noche y extenuados, alguien preguntó a Marcelo… “Según GPS, ¿Cuánto falta para el refugio?”, A lo que Marcelo respondió – poco,200 metros. Esos200 metros terminaron siendo una eternidad para todo el grupo, más aun cuando el refugio no asomaba. Hasta que, a poco andar, divisamos el tapacan que forma parte de la techumbre, finalmente lo encontramos cubierto por más de2 metrosde nieve y para nuestra suerte, solo tenía despejadas las puertas de acceso.
Sergio fue el primero en aventurarse a llamar a la puerta y verificar que estaba disponible para pasar la noche, abrió el portal y uno a uno fuimos bajando hacia el interior.
Estábamos felices y ya adentro, nos abrazamos y felicitamos por el logro.
Debo admitir que en esos momentos, mis pensamientos fueron embargados de un montón de sentimientos y una sensación de plenitud.
 
Luego de acomodarnos, preparamos la cena y nos sentamos todos a compartir, una vez más, nuestra amistad.
A las 10 de la noche, y ya con nuestro plan para la mañana siguiente, nos metimos en los sacos para el reparador descanso. 






El movimiento de montañistas empezó a las 7 AM., Intentamos levantar a Daniel, pero este decidió quedarse ya que se sentía muy agotado. Así pues, siendo las 8 de la mañana, comenzamos el ataque a la cumbre del San Josecito. El día estaba maravilloso, totalmente despejado y mucho frío.
A poco andar, el sol empezaba a calentar las cumbres aledañas y se dejo sentir en nosotros, cuando estábamos cercanos a alcanzar el filo que nos guiaría a la cima.
A las 9:30 alcanzamos la cumbre, la vista era simplemente espectacular, nuestras emociones a mil, muy felices y contentos. Después del descanso y comer algo, sacamos las fotos de rigor y nos dispusimos a regresar al refugio, donde nos esperaba Daniel y nuestro equipo. 
A medio día comenzábamos nuestro regreso al Cabrerio. La bajada fue rápida, un tramo nos obligo a usar crampones, enseguida, cruzamos el Valle de la Engorda hasta llegar a los vehículos.
Faltaban aun, las merecidas empanadas, que pasamos a comer en el sector de San Gabriel.
Después nos despedimos y retomamos regreso a nuestros hogares.
Personalmente, esta salida marcará mi memoria y vida como montañista, fue la primera vez en alta montaña y nieve.