A las 8 de la
mañana de día sábado 11 de agosto, los socios Ramiro Muñoz, Felipe Faesch,
Eugenio Rivera, Sergio Rodríguez, Sebastian Reyes, Enzo Muñoz, Daniel González,
Marcelo Quilodrán (guía jefe) y Juan Pablo Barahona, nos reunimos enla Plazade
San José de Maipo. Después de un energizante desayuno, nos dispusimos a retomar
camino hacia el Cabrerío, punto de partida de nuestra travesía. Allí dejamos lo
autos y nos alistamos con nuestro equipo para comenzar la caminata.
El día estaba
frío y nublado, pero esto no empaño nuestros ánimos. Nieve desde los primeros
pasos y en la medida que avanzábamos, la vista nos dejaba sorprendidos. El
hermoso valle de la engorda, cubierto de blanco, nos recibía con su inmensidad.
Cruzamos sus riachuelos hasta llegar a los pies de una empinada ladera, ahí
repusimos fuerzas y energías.
Próximos a
comenzar, algunos dijeron... “ahora viene lo bueno”…refiriéndose a lo que fue
una subida interminable y agotadora que puso a prueba nuestras habilidades y
trabajo en equipo. Al poco andar, le encontrábamos razón a aquellas palabras.
El gélido viento
blanco, a ratos, golpeaba nuestros rostros, la nieve que levantaba, se sentía
áspera en nuestras mejillas. Esto tampoco nos intimidó. Cuando esto cesó, nos
sentimos mas tranquilos para continuar nuestros pasos, solo recibíamos el
recordatorio de que la montaña es quien manda allí.
Después de
largas horas de caminatas en gradiente y pendiente, nuestro cansancio empezó a
aflorar. Sergio fue invadido por un fuerte calambre en la pierna que lo mantuvo
algún minuto inmóvil, Queno, también extenuado, tuvo que comer chocolate para
dar ánimo y energía a lo que quedaba.
Ya todos bien,
continuamos la subida, que a esas alturas nos invitaba a observar un precioso
atardecer de nubes anaranjadas y rojizas, que sin duda, fue el mejor regalo
que brindaba la naturaleza a los 9 guerreros que seguíamos sin decaer
hacia nuestro destino, el Refugio Plantat.
Cuando
pensábamos estar cerca del albergue, mirábamos a nuestro alrededor y solo
divisábamos nieve, la escarbamos pensando que el refugio estaba bajo ella, pero
nada, ya nos hacíamos a la idea de armar campamento con las carpas.
Ya de noche y
extenuados, alguien preguntó a Marcelo… “Según GPS, ¿Cuánto falta para el
refugio?”, A lo que Marcelo respondió – poco,200 metros. Esos200 metros terminaron
siendo una eternidad para todo el grupo, más aun cuando el refugio no asomaba.
Hasta que, a poco andar, divisamos el tapacan que forma parte de la techumbre,
finalmente lo encontramos cubierto por más de2 metrosde nieve y para nuestra
suerte, solo tenía despejadas las puertas de acceso.
Sergio fue el
primero en aventurarse a llamar a la puerta y verificar que estaba disponible
para pasar la noche, abrió el portal y uno a uno fuimos bajando hacia el
interior.
Estábamos
felices y ya adentro, nos abrazamos y felicitamos por el logro.
Debo admitir que
en esos momentos, mis pensamientos fueron embargados de un montón de
sentimientos y una sensación de plenitud.
Luego de
acomodarnos, preparamos la cena y nos sentamos todos a compartir, una vez más,
nuestra amistad.
A las 10 de la
noche, y ya con nuestro plan para la mañana siguiente, nos metimos en los sacos
para el reparador descanso.
El movimiento de montañistas empezó a las 7 AM., Intentamos levantar a Daniel, pero este decidió quedarse ya que se sentía muy agotado. Así pues, siendo las 8 de la mañana, comenzamos el ataque a la cumbre del San Josecito. El día estaba maravilloso, totalmente despejado y mucho frío.
A poco andar, el
sol empezaba a calentar las cumbres aledañas y se dejo sentir en nosotros,
cuando estábamos cercanos a alcanzar el filo que nos guiaría a la cima.
A las 9:30
alcanzamos la cumbre, la vista era simplemente espectacular, nuestras emociones
a mil, muy felices y contentos. Después del descanso y comer algo, sacamos las
fotos de rigor y nos dispusimos a regresar al refugio, donde nos esperaba
Daniel y nuestro equipo.
A medio día
comenzábamos nuestro regreso al Cabrerio. La bajada fue rápida, un tramo nos
obligo a usar crampones, enseguida, cruzamos el Valle de la Engorda hasta
llegar a los vehículos.
Faltaban aun,
las merecidas empanadas, que pasamos a comer en el sector de San Gabriel.
Después nos
despedimos y retomamos regreso a nuestros hogares.
Personalmente,
esta salida marcará mi memoria y vida como montañista, fue la primera vez en
alta montaña y nieve.



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